Dentro de un rato, que se me va a hacer eterno, empiezo las vacaciones, casi cuarenta días de una nueva vida sin despertador ni ansiedad para sobrellevar el control horario. De entrada tengo una semana en un curso sobre bibliofilia y encuadernación que promete ser interesante, programado por una organización que dicen que es buena.
Encerrado en casa si no hay cambios de última hora, voy a tratar de no perder la paciencia con la ayuda de Pérez Galdós y la terapia ocupacional en pequeñas cosas: sellos para misiones, libros para la biblioteca del barrio, viajes al encuadernador, proyecto sobre genealogía, etc.
Las reparaciones en el tejadillo de la ventana ante la expectativa muy probable de las lluvias de septiembre me han tranquilizado un poco pero con el administrador de la finca tengo la sensación exasperante de estar viviendo la misma película que hace casi veinte años. Intentaré mantener la calma y no rendirme.
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