En el ambiente de la casa parece que hay más silencio y menos color porque las voces y las luces que dominaban la situación se han apagado. Todavía por inercia pienso en los programas de TV que van a hacer.
En la mesa hablamos poco por el calor sofocante, por la falta de proyectos, iniciativas e ilusiones, por la carga abrumadora de quince años de disgustos, broncas, desencuentros y renuncias sin correspondencia. La verdad es que no tengo ganas de disputas y me voy hundiendo poco a poco en la nada.
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