Entre la vida de Gabriel Araceli, los concursos de vocabulario y el rompecabezas geométrico que me tiene enganchado han pasado las semanas de vacaciones y calor. La aventura del Escorial fue positiva y enriquecedora con lecciones excelentes y buenas compañías hasta el punto que me dan ganas de volver el año que viene si la propuesta académica resulta interesante. La grata convivencia con profesores y alumnos me ha ayudado bastante para mantener un buen ánimo.
Los viajes a Alboraya para degustar la cebada han sido una exquisita novedad a la hora de romper con la exasperante rutina, y un contrapunto positivo al estruendo de la aspiradora para sacar el polvo acumulado sobre mis libros.
He resistido el calor húmedo y pegajoso mejor de lo que me esperaba. Con la llegada de las lluvias ha caído la temperatura y me encuentro más cómodo aunque con el administrador se han confirmado mis peores presagios.
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