sábado, 4 de julio de 2009

Cosas de junio y julio

Fuera de mi entorno cotidiano he participado estas semanas en celebraciones familiares que han roto la rutina con momentos agradables. El paso fundamental en la vida de un niño sirve de motivo para la reunión y la alegría en un marco de naranjos y pinares. Las nuevas generaciones van pidiendo paso.

Entre pinares, prados y mares de trigo verde se pasan horas casi felices aunque los mordiscos de tábanos y mosquitos te apartan de la poesía bucólica y del sueño pastoril. La noche y el amanecer con la música de los pájaros tienen en la montaña unos rasgos muy diferentes y alejados del tiempo de las ciudades. Un nuevo encuentro familiar en el que los hechos y acciones en positivo superan las pequeñas espinas de la convivencia.

La mezcla de la gran música rusa del siglo XIX y la sinfonía de los planetas y las estrellas me ha permitido vivir una experiencia deliciosa en la que las emociones se desbordan y la alegría se instala en las facciones.

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