El trabajo entregado y generoso de los solistas vocales, el coro y la orquesta de jóvenes estudiantes se enfrenta durante casi dos horas al frío en el marco grandioso y magnífico de la nave central de la catedral de Valencia, ocupada por medio millar de fieles.
Se trata de rendir homenaje al Patriarca Ribera con el clasicismo musical de unas Vísperas solemnes, cargadas de una sobria y elegante espiritualidad que despierta las almas sensibles y ayuda a resistir la baja temperatura que encoge los cuerpos. Con los ángeles músicos al fondo intentamos liberarnos de las miserias y rutina de la vida en este helado valle de lágrimas y salimos del templo sintiendo el frío y la necesidad de Dios.
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