Con la llegada del calor noto que las palmas de mis manos se humedecen, que mis ojos tratan de escaparse de la luz y piden la protección de los cristales oscuros, y que el sueño huye haciendo de la noche una angustia interminable.
Cansado y agobiado, trato casi siempre en vano de conseguir satisfacciones gratificantes. La renuncia a mi mundo para acomodarme al de otros me deja angustiado y a disgusto conmigo mismo.
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