Cumplidos dos meses de este año, parece que el tiempo se acelera y que el desánimo no va a desaparecer. El sol se resiste a lucir salvo algún día que preludia la primavera. Camino hacia ninguna parte dominado por el tedio, el hastío y la abulia. La lectura de revistas profesionales y de aficiones no me apasiona y no quiero que me enganche el juego de encajar figuras geométricas en la pantalla del PC.
Únicamente una boda católica ha roto la rutina monótona de estas semanas. Me sentí a gusto en la ceremonia y en la comida
El boquete abierto en el techo de la cocina es otra novedad inquietante en este tiempo de lluvias.
La semana próxima tengo el segundo viaje a la UNED de Madrid. No sé que reacción va a tener el profesor cuando reciba el borrador de mi trabajo.
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