Desde la intriga del topo en la guerra de los espías entre Londres y Moscú he pasado a un Sherlock Holmes renovado con estética de comic y ritmo de videoclip.
Cada vez siento con más fuerza la distancia creciente con respecto a las ilusiones, los deseos y las esperanzas de los niños, y no me consuela el hecho de que la suerte por esta vez me devuelva una parte de lo que he gastado en la lotería.
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