El valor de la hija que ha perdido a su padre, vilmente asesinado, es la clave de una excelente película del Oeste con una fotografía de tonos pálidos que refuerza el sentido del drama. La chica, asistida por un tuerto y un joven tejano, busca y encuentra al criminal.
La fragilidad y caducidad de la materia orgánica, la decrepitud del cuerpo que nos lleva, la angustia de la decadencia biológica y de la finitud aparecen con toda claridad en los momentos de enfermedad. El hecho de desaguar por entrambas y canales es un símbolo de la débil y terrestre condición humana.
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