La duda que me asalta al abandonar la sala de proyección con las emociones desatadas es si se trata de una excelente película dramática sobre la formación para la vida que un hombre maduro imparte en la universidad a sus jóvenes compañeros de estudios, o de un culebrón sentimental de bella factura dedicado a los valores y la madurez.
La secuencia de la lectura de frases del Quijote a extraños a los que se aborda en la calle resulta deliciosa.
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