Cuando ya el calor agota y aplana, intento superar la angustiosa ansiedad que me devora sin alicientes ni deseos, sin llegar a asumir racionalmente unas referencias que me sirvan para una evaluación objetiva de la realidad de mi vida diaria.
La narrativa como evasión y la música como cauce para el desbordamiento de las emociones son herramientas valiosas en la ocupación del tiempo que se escapa sin retorno.
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