De nuevo estoy enganchado a la mejor historia social de la España de la primera mitad del siglo XIX. La fractura entre absolutistas y liberales sirve de eje de una narración rabiosamente humana en la que las pasiones, los sentimientos y las emociones de los personajes te atraen de un modo irresistible. Unas veces parece que los actores salen del papel, otras que te sumerges entre las páginas del libro para amarlos, odiarlos o compadecerlos.
Estas vidas y sus trayectorias superan el contraste ideológico para mostrar la condición humana por encima de las barreras de los prejuicios éticos y sociales. El creador de esta historia quiere y nos hace querer, desprecia y nos hace despreciar, aborrece y nos hace aborrecer con la maestría de su pluma.
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