Perdido el romanticismo de los paisajes capturados y recreados desde la ventanilla del tren, el vuelo de la alta tecnología une las ciudades de Valencia y Madrid y comprime las vivencias sin tiempos muertos de descanso, de modo que lo que pierdes por un lado lo ganas por otro.
Cuando historiadores de prestigio y especialistas reconocidos presentan una disciplina, abordan unos contenidos, me instalo en una dependencia intelectual cargada de admiración. Ocupar la mente en símbolos, razones, descripciones y juicios de hechos históricos y sociales me llena de satisfacción.
El matrimonio llama a los fantasmas y éstos se apoderan de la escena en una trama sumamente divertida que entretiene muy bien, de forma que te evades por unos instantes de las ansias y angustias cotidianas.
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