En estos días entre la llovizna interminable y el frío que no cesa he disfrutado con la película del erizo, una demostración de la humanidad profunda que se esconde tras unas fachadas poco agradables a la vista, de la nobleza de los sentimientos y de las emociones más puras.
La revisión de un clásico de la literatura española puede convertirse en una apuesta arriesgada, pero el montaje sencillo y sobrio de la obra "El sí de las niñas", la fresca naturalidad de las interpretaciones y la actualidad del mensaje consiguen que te sientas bien a la salida del teatro.
La película "La gran familia" me trae el testimonio de una época y de unos valores que han desaparecido. Es evidente que el cambio social desarrollado durante cuatro décadas ha sido de una envergadura mucho mayor que la transición política. La duda y el debate llegan a la hora de plantear lo que se ha ganado y lo que se ha perdido en esta transformación.
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