Ayer hacia las cuatro de la tarde en el autobús 5335 de la línea 40 viví una inusual experiencia. El vehículo se detuvo en el centro del puente de las gárgolas y se abrió la puerta delantera. Pensé que el conductor había visto a algún conocido que quería subir fuera de las paradas establecidas peró en ese momento se oyó su llamada pidiendo la ayuda de un inspector porque le había dado un mareo y se encontraba mal. Tras unos instantes de incertidumbre nos movilizamos los pasajeros para asistir al conductor, se le ayudó a tenderse en el suelo cerca del acceso para que estuviera mejor ventilado, una joven le levantó las piernas para favorecer el retorno de la sangre, otra llamó al 112, una señora mayor le abanicaba suavemente, yo le hablé para infundirle ánimo y mantenerle consciente,... una atmósfera de solidaridad se había formado y se mantuvo hasta que llegó la polícia local para hacerse cargo de la situación y nos pudimos trasladar al siguiente coche para continuar el trayecto y seguir la rutina de casi todos los días. El termómetro marcaba 29º.
En la bandeja de entrada de webmail que abro en casa ha aparecido la convocatoria de un curso de verano en El Escorial. Creo que voy a hacer los trámites para inscribirme aunque solo sea como remedio terapéutico al desánimo, la abulia y el aburrimiento que me dominan.
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