A la hora de describir y reflexionar sobre la relación con mis padres se me ocurren tres etapas correspondientes a las fases por las que ha pasado mi propia vida. En los primeros años como seres casi omnipotentes que todo lo controlaban y todo lo sabían, siempre atentos y vigilantes por nuestro bienestar, hasta el punto que llegué a pensar que nunca dormían.
En los tiempos de mi juventud podría resumir los sentimientos hacia mis padres como algo distantes, críticos y desprovistos de la veneración y el temor del principio, sin merma del respeto y del amor filial.
Desde que vuelvo a esta bendita tierra en la década de los ochenta me encuentro cada vez más unido a ellos, admiro como afrontan la recta final de sus vidas, su constante amor al prójimo como generosa entrega, la entereza y el buen ánimo para sobrellevar los momentos más duros. Quizás los fracasos y el vacío que siento en lo más profundo han hecho que les necesite más y más como el faro que guía al caminante desorientado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario