Instalado en la mediocridad, vivo el paso aburrido y predecible de los días, voy del trabajo sin trabajo de las mañanas a la compañía necesaria de mis padres por las tardes, de la desidia a la tristeza, de la abulia al desánimo.
Es un poco absurdo la carrera que me pego para llegar a tiempo a la faena para luego pasarme las horas esperando el momento de la salida. Resulta descorazonador el hecho de que no haya ni unos objetivos ni un programa de trabajo para un desempeño eficaz y eficiente de los servicios públicos que deberíamos prestar.
El jueves me toca pelear con las miserias de la comunidad de propietarios. Será la hora de un ejercicio práctico de dignidad y paciencia.
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