Se cierra la última sesión sobre construcción de blogs con un comentario final. Me habría gustado en todos mis aprendizajes de técnicas nuevas contar con esta preparación, subyugante, densa de contenidos e irreprochable en cuanto a su manifestación formal. Las explicaciones han conseguido que cambie mis prejuicios sobre los blogs, pero no sé si llegaré a mantener y desarrollar el mío.
De algún modo considero ahora que un blog es la expresión abierta de la personalidad de su autor. Aunque resulta una osadía, casi se trataría de hacerte una especie de psicoanálisis para andar por casa: las ideas que guían tu vida, los temores y precauciones que diariamente te asaltan sobre casi todas las cosas, tus objetivos, querencias y emociones, las formas de mostrarse ante los demás,...
Aplicar esta herramienta a mi trabajo bibliotecario sería muy necesario y positivo, pero mi situación laboral y mis expectativas a corto y medio plazo no son las más indicadas para analizarlas en las entradas del blog. En todo caso podría plantearlo como una evasión y liberación del presente triste y rutinario. No me atrevo a hacer del blog una herramienta de combate para el ajuste de cuentas contra casi todo y contra casi todos, no es mi estilo de conducta.
Quiero acabar esta nota con un grito de optimismo. Como decía poco antes de jubilarse una compañera de trabajo en el primer empleo que tuve: ¡Todavía puedo dar mucha guerra!
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