En la nota de esta mañana he dejado dos cuestiones en el tintero. La primera es el retorno de las goteras después de un par de años de tranquilidad. Es algo que me enfrenta a una doble limitación psicológica: 1ª) la imposibilidad de luchar contra las prácticas sociales establecidas para conseguir que las reparaciones se realicen con diligencia. La frialdad del administrador me pone furioso y a la vez me admira, y 2ª) la necesidad de darle a este problema su justa dimensión en comparación con las desgracias reales de la vida.
La segunda cuestión es que parece que me he librado de los tribunales. Ya era hora de que las suplencias hicieran honor a su nombre y a su significado. Voy a estar más horas atado a la mesa y a la rutina del curro pero seguir en los tribunales era una fuente de tensiones y riesgos innecesarios además de una situación muy probablemente recurrible.
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